Querído Padre:
Esta mañana he sentido, como otras veces, que núnca dejaré de ser tan insignificante como una estrella en la cúpula celeste. Me esfuerzo día a día por formar parte de esta sociedad, pero resulta tan complicado que todos mis esfuerzos se escapan por el agujero de la bolsa y al final solo queda un montoncito de arena junto a los piés (éso si bajas la cabeza para mirarlo).
Por ello te pido, Padre mío, que reces por que encuentre sentido a mis esfuerzos. Bien sabes que sólo busco el bien y la paz para todos, pero parecen no querer escucharlo. Mi voz no silencia su gritos y sufro de la ignorancia que no puedo remediar.
He pasado todo el día meditando, como tu me enseñas. Buscando en mi recuerdo los errores que me llevan a la fría prisión de la soledad, y sigo sin encontrar la llave. Querido Padre, solo la presencia de tu alma es capaz de consolarme.
Tu hijo que te honra,
Baltasar
…(siguiente epístola)
Francha Menayo escribió,
junio 23, 2009 @ 7:12 pm
Baltasar sigue por esa senda y encontraras la paz
Tercera Carta de Baltasar « La Selva Blanca escribió,
julio 16, 2009 @ 3:52 pm
[...] BALTASAR: III EPISTOLA [...]